El máximo jefe
guerrillero aseguró que las comunidades involucradas en programas de
sustitución de cultivos están siendo atemorizadas. Efe
El nuevo enfoque de la
lucha contra las drogas fue incluido en el acuerdo de paz. Esa es una realidad
que, pese a la oposición de varios sectores, fue objeto de negociación en La
Habana y, por eso, renunciar a la aspersión aérea con glifosato se convirtió en
un debate que escaló, incluso, a escenarios globales.
Es cierto que la
Organización Mundial de la Salud alertó sobre los efectos que el glifosato
ejercía sobre la salud de las personas. Tanto así, que Colombia se vio inmerso
en un conflicto con Ecuador, que rechazó insistentemente la forma en la que el
país venía combatiendo los cultivos ilícitos, sobre todo, porque la aspersión
en zona de frontera estaba afectando el territorio del vecino país.
Y negar que la decisión
que tomó el Consejo Nacional de Estupefacientes de renunciar a la aspersión con
glifosato también está ligada con los acuerdos con las Farc sería intentar
tapar el sol con un dedo. No obstante, la aspersión manual sigue siendo
potestad del Estado, pese a los programas de sustitución de cultivos que se
pactaron en La Habana, y que ya se comenzaron a cumplir. Esa fue una salvedad
que dejó clara el Gobierno en el acuerdo final.
Sin embargo, si las
comunidades que van a participar de los programas de sustitución de cultivos,
no habría razón por la cual la Fuerza Pública tenga que tomarla de sorpresa
para adelantar procesos de erradicación forzosa. Esa es, al menos, la postura
que en las últimas horas cuestionó el jefe de las Farc, Rodrigo Londoño ‘Timochenko’,
al advertir que la política antidrogas se sigue aplicando en contravía de los
acuerdos de paz.
Según denunció, vía
twitter, “El 2 de febrero llegó policía antinarcóticos a la vereda los Alpinos,
en el Caquetá, a realizar la aspersión manual de forma inconsulta. La comunidad
se vio en la obligación de realizar un cerco humanitario para evitar que
continuara la fumigación”, señaló Timochenko, pero afirmó que al día siguiente,
es decir, el 3 de febrero y tras levantarse el cerco humanitario, llegaron 7
aeronaves y 6 helicópteros con agentes del Esmad “sembrando terror en la
comunidad”.
Según el máximo jefe de
la guerrilla, los cultivadores de hoja de coca les manifestaron a los
integrantes del Esmad su voluntad política de sustitución de dichos cultivos
-tal y como se estipula en el acuerdo de paz- pero se volvió a presentar el
mismo operativo, horas después, en la vereda Versalles (Antioquia).
“El 4 de febrero, a las
11:00 a.m. helicópteros con policía desembarcaron en la vereda Versalles con
plan de erradicación. Las comunidades procedieron a hacer un cerco humanitario
para impedirlo. Llegaron helicópteros con Esmad a atacar los civiles. Se desconoce
si hay heridos, comunidades siguen agrupándose en el sector”, agregó Timochenko
en la red social.
Según lo pactado por
las partes en La Habana, el nuevo enfoque antidrogas debe dar un tratamiento
especial a los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico, “que son
las personas que cultivan y las que consumen drogas ilícitas, y se
intensificarán los esfuerzos de desarticulación de las organizaciones
criminales”, señala el texto pactado.