El Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC)
capacita a las 22 direcciones territoriales sobre las bondades de esta
aplicación técnica, la cual que puede ser utilizada para el ordenamiento de
cuencas, la gestión del riesgo, la capacidad productiva y restitución de
tierras.
Mayo 4 de 2015. Con una
sumatoria de características como relieve, pendiente, humedad, temperatura y
textura, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi le puede dar el valor
potencial a un suelo, es decir la verdadera capacidad productiva de las
tierras.
Esta aplicación
técnica, denominada áreas homogéneas de tierras, cosiste en una descripción de
factores agronómicos, topográficos y climáticos de un espacio de la superficie
terrestre a escala 1:25.000, es decir semidetallada, a los cuales se les
califica numéricamente para establecer su realidad.
Para dar un dictamen
sobre cada predio, el IGAC primero establece en una fórmula la clase
agrológica, la unidad climática, el grado de la pendiente y las limitaciones
encontradas, tales como pedegrosidad, afloramientos rocosos y fenómenos como
remoción en masa.
Luego de sumar cada una
de las variables, el resultado final es un número que va de 0 a 100. Entre
mayor es la cifra, la capacidad productiva es mucho mejor: por ejemplo entre 85
y 100 es u terreno excelente, mientras que menor a 11 es un suelo improductivo,
es decir con menor valor potencial.
Estas áreas homogéneas
son ampliamente conocidas en el mundo del catastro, ya que son la principal
herramienta para establecer el avalúo catastral de un predio, tanto rural como
urbano.
Sin embargo sus
bondades van mucho más allá del catastro, ya que debido a su grado de detalle
son de gran utilidad para ordenar y orientar el mejor uso del territorio
colombiano, en proyectos relacionados como ordenamiento de cuencas
hidrográficas, gestión de riesgo, restitución de tierras y capacidad
productiva.
Por esta razón,
actualmente el IGAC, en cabeza de su Subdirección de Agrología, se encuentra
realizando una serie de capacitaciones al personal de las 22 direcciones
territoriales, con el fin de que entiendan los beneficios de las áreas
homogéneas y las apliquen en su diario laboral.
Las primeras
territoriales que recibieron esta capacitación fueron Meta (que cubre todos los
departamentos de la Orinoquia), Risaralda y Caldas; la siguiente en pasar el
tablero será Nariño, a mediados del mes de mayo.
Según Deyanohora
Cárdenas, coordinadora del grupo de áreas homogéneas de tierras del IGAC, no
solo el personal del Instituto debe conocer esta aplicación, sino todas las
entidades encargadas de planificar el territorio.
“Cuando se inundó la
Sabana de Bogotá, las autoridades se dieron cuenta que autorizaron construir en
terrenos que no contaban con las características para tal fin, ya que sus
suelos contaban con indicios y colores que correspondían a tierras húmedas, que
hacen parte del río Bogotá. Si hubieran conocido de esta herramienta la
problemática habría sido menor”.
Cárdenas apuntó que el
IGAC ya tiene cubierto casi todo el país con áreas homogéneas de tierras (solo
faltan unos municipios en Antioquia), razón por la cual el Instituto empezará a
difundirlas con las Alcaldías Municipales.
5 pasos de las áreas homogéneas
Esta herramienta consta
de cinco pasos. Primero, el IGAC revisa los insumos de cada terreno, es decir
estudios de suelos, mapas, leyendas, datos de laboratorio, fotos, y balances de
clima e hídricos.
La segunda fase en el
cálculo del valor potencial con base en la información recolectada, es decir
definir las condiciones agronómicas (textura, fertilidad, y drenaje),
climáticas (humedad y temperatura ambiental), y las del relieve (rangos de
pendientes).
En profundidad se
analiza el nivel freático, las arcillas, rocas y arenas. Los mejores terrenos
son las más profundas, ya que tienen mejores condiciones para que se
establezcan las raíces.
En drenaje se
interpretan los colores del suelo. Por ejemplo, si son de color gris quiere
decir que no tiene un buen drenaje, lo cual los convierte en terrenos
vulnerables a inundarse, como pasó en la Sabana de Bogotá.
En fertilidad entran al
juego factores como pH, saturación y porcentaje de elementos como carbono,
fósforo y potasio.
En este paso también se
establecen las limitantes del terreno que le resta al valor potencial, como
fragmentos, gravillas, encharcamientos, pedegrosidad, remoción en masa, y las
tres clases de erosión (ligera, moderada y severa).
Luego el IGAC realiza
la delimitación del área dependiendo del valor potencial, para así iniciar la
etapa de ajuste y elaboración del mapa y la leyenda.
Finalmente se hace una
comprobación en campo para que la información sea mucho más precisa.
