De Semana.
El apetecido poder de
entregar avales se convirtió en el ‘coco’ de los directores de los partidos.
Entregarlos y quitarlos es un problema.
Avales políticos ponen
en aprietos a partidos La senadora
liberal Viviane Morales renunció hace pocos días a la codirección de su partido
y hace unas semanas Carlos Fernando Galán hizo lo mismo en Cambio Radical. La
razón de ambos fue la entrega de avales a personajes cuestionados.
En vísperas del cierre
del plazo para inscribir candidaturas a las elecciones de octubre, la feria de
los avales está en furor. Esa figura es un gran activo para los partidos
políticos. Definir quién va y quién no, en las listas y tarjetones, es una
función que les da un gran poder a los directores de los partidos. Se supone
que esa figura fortalece el espíritu colectivo y es un antídoto contra los
caudillos, los candidatos de chequera abultada y de dudosa procedencia, y las
aventuras personalistas. Un antídoto contra la politiquería.
Pero también son una
papa caliente. Los directores ya no saben qué hacer para disfrutar de su poder
y, a la vez, controlar tanto candidato cuestionado que busca la bendición de
sus partidos. Es tal el desgaste, que algunos prefieren renunciar a la
dirección.
Eso fue lo que hizo
hace pocos días la senadora liberal Viviane Morales y que desató una crisis en
la dirección del partido. “Sin duda el otorgamiento de avales no puede
reducirse a una pura mecánica electoral”, escribió la senadora en su carta de
renuncia a Horacio Serpa. “Muchos de los avales que se están otorgando por el
partido responden a otro tipo de razones que no se avienen precisamente con el
alto interés público” agregó. La incomodidad de la senadora viene desde que el
partido le dio el aval a Luis Pérez para la Gobernación de Antioquia y a Didier
Tavera para Santander. Aunque Serpa le contestó y señaló que todos los avales
se han otorgado con criterios éticos. Pero de acuerdo con un informe de la
Fundación Paz y Reconciliación, hay 17 aspirantes cuestionados con aval
liberal.
Lo grave es que no es
la primera renuncia por cuenta de lo mismo. Carlos Fernando Galán dejó el cargo
de director de Cambio Radical hace unas semanas cuando el partido le entregó el
aval a Oneida Pinto para la Gobernación de La Guajira. El senador dijo que no
podía estar a la cabeza de un partido que no respeta los trámites para entregar
avales. En su lugar llegó el representante Rodrigo Lara.
Que dos directores de
partidos que forman parte de la Unidad Nacional decidan dar un paso al costado
reafirma que el mecanismo de los avales tiene sus bemoles. ¿Aceptar a todo el
que tiene votos, para ganar por ganar? ¿Renunciar a quien los tiene, aunque no
tenga una condena, porque hay denuncias en su contra? Con frecuencia hay
diferencias entre la percepción de los medios y lo que se percibe en las
regiones, donde se les ejerce a los directores de los partidos una gran presión
para que incorporen a los caciques locales. Y con frecuencia esas dos
perspectivas caen en conflicto.
Eso le pasó a David
Barguil, director del Partido Conservador, cuando intentó oponerse a la
candidatura de Arnulfo Gasca para la Gobernación de Caquetá. El ‘patrón de
patrones’, como conocen a Gasca por un video en el que aparece rodeado de armas
y escoltas, ha tenido acusaciones por presuntos nexos con el narcotráfico, pero
hasta ahora nada ha sido demostrado. Cuando en 2011 intentó conseguir el aval
de los azules, se lo negaron y ahora volvió a pedir pista y el partido, casi
por unanimidad, lo avaló. El único que dijo que no fue Barguil. “Desde el
principio he dicho que debemos alejarnos de esas candidaturas pero esta vez
perdí la pelea”, señaló.
La trampa de los avales
no es la única en la que se están tropezando los partidos. A los candidatos que se presentan por firmas
también los están poniendo contra la pared. El mecanismo que se inventó en la
Constitución del 91 para evitar el imperio del bolígrafo y de las maquinarias y
permitir que un ciudadano cualquiera pudiera aspirar a un cargo público aunque
no tenga un aval, se ha convertido en atajo para eludir normas creadas para
fortalecer los partidos. Se ahorran el lío de la doble militancia, empiezan a
hacer sonar su nombre en las calles mientras recogen las firmas –y en tiempos
en los que la ley no permite todavía las campañas proselitistas– y tienen la
ventaja de presentarse como candidatos frescos, aun en casos en los que lo que
hay detrás son políticos experimentados.
La gran pregunta es si
las normas y las reformas de todo tipo bastan para cambiar el comportamiento de
los partidos en lo que se refiere a diseñar listas de candidatos idóneos y sin
tacha. O si, en cambio, se necesitan figuras como Viviane Morales y Carlos
Fernando Galán para hacer valer sus criterios. Por lo pronto, la feria de los
avales para las elecciones de octubre no ofrece muchas posibilidades hacia el
optimismo.