Quince minutos después
de que despegó el vuelo de Avianca que atravesó más de 9.000 kilómetros entre
Cartagena y Roma, el papa Francisco dio una rueda de prensa en la que hizo un
balance sobre su visita al país y en la que también respondió preguntas sobre
la corrupción política en Colombia, la crisis en Venezuela y los efectos
devastadores del cambio climático.
También pidió orar por
las víctimas del terremoto en México y las del huracán Irma.
Acompañado de su
escolta personal, y del obispo colombiano Mauricio Rueda, encargado de dirigir
sus viajes, apareció ante los reporteros acreditados ante la santa sede,
Visiblemente cansado
después de su apretada agenda de cinco días en Colombia y aún con la emoción
fuerte de lo vivido en Cartagena –que enamoró al Papa con su alegría y sabor
caribe–, dijo también: "Me pusieron un ojo de compota", al referirse
al impase que tuvo al golpearse la cara con el papamóvil, que le dejó un raspón
en la ceja izquierda y un moretón en el pómulo.
Un periodista pregunto:
santo padre, Colombia ha sufrido mucho durante las últimas décadas por cuenta
del conflicto armado y del narcotráfico. Pero la corrupción en la política nos
ha hecho tanto daño como la misma guerra y aunque sabemos que esa corrupción
siempre ha existido entre la clase dirigente, se ha hecho más visible
últimamente porque antes las noticias las ocupaba el conflicto con la
guerrilla. Entonces, ¿cómo enfrentar ese flagelo y cómo castigar a los
corruptos?, ¿habría que excomulgarlos? (esto último, a propósito de un debate
reciente en el Vaticano que planteaba esa posibilidad).
A esto, el Papa
respondió: "Haces una pregunta que yo me planteé muchas veces, me lo
planteé cuando en Argentina hubo un acto de abuso, maltrato y violación de unos
chiquillos. Todos somos pecadores. Y el señor ha venido y no se cansa de
perdonar si el pecador llega y pide perdón. El problema es que el corrupto no pide
perdón. Vive en un estado de insensibilidad ante los valores. No es capaz de
pedir perdón. Es muy difícil ayudar a un corrupto, pero yo puedo hacerlo y rezo
por él".
Nuevamente otro
periodista , preguntó sobre sus impresiones tras cinco días en nuestro país y
cómo se imaginaba a Colombia en unos años, poniendo en contexto la polarización
política y la división entre quienes apoyan el proceso de paz entre el Gobierno
y las Farc, y entre quienes lo desaprueban.
"Lo que más me ha
impresionado de los colombianos es la multitud que nos saludaba en cada ciudad.
Los padres y las madres levantaban a sus hijos para que los bendijese diciendo:
esta es mi esperanza y mi futuro, en lo que creo, mi tesoro. Y eso me da
esperanza de futuro para Colombia".
Después, sonriendo,
dijo que le gustaría que ahora se hable de dar el segundo paso (el lema de su
visita fue: Demos el primer paso).
"La verdad es que
me ha conmovido la alegría, la ternura de la juventud y la nobleza del pueblo
colombiano. Un pueblo que no teme a expresar cómo se siente, ni de sentir o de
mostrar lo que siente. Esta es la tercera o cuarta vez que visitaba Colombia,
no lo recuerdo bien, pero no conocía a la Colombia profunda, la Colombia que se
ve en las calles. Y agradezco el testimonio de alegría, de esperanza y de
paciencia en el sufrimiento de este pueblo que me ha ayudado tanto",
siguió el santo padre.
También se refirió a la
necesidad de sanar los odios que ha dejado la guerra y destacó el cese del
fuego por parte del Eln: "Calculaba los 60 años, pero fueron 54 años de
guerrilla y en todo este tiempo se acumula mucho odio, mucho rencor, mucha alma
enferma. Y el odio y el rencor son enfermedades del alma y uno no es culpable
de la enfermedad del alma, es como el sarampión, que te viene. Estas
guerrillas, que en verdad han cometido unos pecados feísimos, han provocado
esta enfermedad del odio. Pero hay pasos que dan esperanza, como la
negociación, el alto al fuego del Eln y yo agradezco mucho ese paso".
El papa Francisco
exaltó, tras su visita, el anhelo de los colombianos por alcanzar la paz más
allá de los acuerdos y los asuntos políticos.
"Hay algo más que
he percibido y son las ganas de ir adelante en ese proceso, que va más allá de
esas negociaciones que se están haciendo o que se deben hacer. Es una gana de
esperanza y ahí está la gana del pueblo. El pueblo quiere respirar y debemos
ayudarlo con la cercanía y la oración, y sobre todo, comprendiendo cuánto dolor
hay dentro de tanta gente."
En otra respuesta ante
la prensa, responsabilizó al cambio climático de los desastres naturales
recientes de las última época. "Quien niega el cambio climático debe ir a
los científicos que hablan de un modo muy preciso", dijo y pidió acciones
para evitar que nuestro planeta se siga destruyendo. "Cada uno de nosotros
tiene una responsabilidad moral. Debemos tomar decisiones y tomarlas
enserio" y evocó el tema del dinero –en Medellín dijo que "el diablo
entra por el bolsillo–".
"Me viene a la
cabeza una frase del Antiguo Testamento. El hombre es estúpido, un testarudo
que no ve. Es el único animal que cae dos veces en la misma piedra. La soberbia
y la suficiencia son dioses del dinero. Todo depende del dinero".
Y se refirió a las
abruptas diferencias sociales que existen en Cartagena. "En Cartagena he
empezado en una parte sobre la ciudad, luego he ido a otra parte, a la
turística: lujo, lujo, sin medidas
morales. Y los que van allí no se dan cuenta".
También habló sobre la
crisis de Venezuela e hizo un llamado a la ONU para que intervenga. "La
Santa Sede ha hablado fuerte y claro. Ha enviado a un grupo de trabajo, a un
nuncio apostólico, ha hablado personalmente y públicamente, buscando una
salida. Ahora parece que la situación es muy difícil y lo que es más doloroso,
es el problema humanitario. Mucha gente que escapa y que sufre. Es un problema
humanitario al que debemos responder. Creo que la ONU debe hacerse sentir para
ayudar".