Si eso fuera verdad, en
aras de la discusión, el general Mora lo sabría y no andaría tan sonriente
María Isabel Rueda
Del tiempo.
Esta semana, el
Gobierno puso al general (r) Jorge Enrique Mora a reírse mucho –cuando él nunca
se ríe– y a soplar velitas de cumpleaños. Esas dos cosas tan forzadas buscaban
convencer a la opinión de que las relaciones Mora-Santos van divinamente, y de
que su papel en la negociación de La Habana sigue vigente, así por ahora ya no
arrime por allá.
Pero que Mora no haya
vuelto a la mesa –el general Óscar Naranjo tampoco, pero por razones distintas–
ahonda la crisis de credibilidad sobre la agenda que se está discutiendo con
las Farc, que los enemigos del Gobierno condimentan con inexactitudes para
sacarle la piedra al Presidente –lo cual últimamente se ha vuelto muy fácil– y
poner nerviosos a los colombianos.
Una de las cosas que
más oímos es que en La Habana se está negociando la disminución del presupuesto
y del tamaño de nuestras Fuerzas Militares. Si eso fuera verdad, en aras de la
discusión, el general Mora lo sabría y no andaría tan sonriente. El Presidente
lo ha desmentido en múltiples ocasiones, para no decir que casi todos los días
(“¿en qué idioma quieren que hable?”).
Pero las Farc se han
encargado de que parezca cierto. Se la pasan recordándonos que el tema forma
parte de los “pendientes” que no se han discutido y que deberán discutirse, o
no firmarán el acuerdo de paz.
¿Y por qué hablamos de
que el tema ha quedado pendiente, si no figura en ningún punto de la agenda
oficial que se discute en la mesa? Porque, hábilmente, las Farc vienen
desdoblando esa agenda. En tres de los cinco puntos que ya se han discutido, ha
quedado una lista de “pendientes” a los que las Farc pretenden regresar. En esa
lista figuran 28 temas, según asegura desde el uribismo el senador Alfredo
Rangel, incluyendo cosas tan exóticas como revisar los TLC que ha firmado
Colombia, renegociar las concesiones minero-energéticas y una eventual
participación de las Farc en sus utilidades.
Al lado de esas cosas,
que, estoy segura, el Gobierno no discutirá jamás con las Farc, existen otros
“pendientes” por los que, en cambio, es muy factible que volverán a pasar los
negociadores. Entre ellos, la extensión de las zonas de reserva campesina (las
Farc piden 9,5 millones de hectáreas) y su autonomía judicial, política,
ambiental, administrativa y fiscal; la concreción de la política antinarcóticos
y los límites a la propiedad de la tierra (la existencia de latifundios
localizados en las zonas más productivas del país); así como la cifra mensual o
anual con la que contribuirá el Estado para la manutención de los
desmovilizados y su acceso a educación y a fuentes de trabajo, por solo
mencionar algunos de los “pendientes”.
¿En qué calidad está el
“pendiente” de las Fuerzas Militares? ¿En el rango de discutible, o en el de no
discutible? En esto prefiero creerle ciegamente al Presidente: en el de no
discutible. Así le toque repetirlo todos los días y en todos los idiomas, el
futuro de nuestro Ejército no puede ser, y por lo tanto no será, objeto de negociación
en La Habana.
Para que eso no ofrezca
duda alguna es por lo que Mora debe regresar a La Habana. Y ya se está haciendo
tarde para que el Gobierno vaya montando una mesa especial con los militares
que comience a discutir, precisamente para no hacerlo en La Habana, cómo será
la aplicación de la justicia alternativa para ellos, porque si algo no van a
permitir (doctrina Mora) es que se les dé un tratamiento judicial equivalente
al de la guerrilla.
Al tema de la reducción
del tamaño del Ejército o del presupuesto de las Fuerzas Armadas no le veo
ningún futuro, mientras exista Maduro y eventualmente tenga que recurrir a una
locura militar para no caerse, y mientras el posconflicto se desarrolle con
todos los peligros de derivar en delincuencia organizada que promete este
proceso de paz, al igual que pasó con la desmovilización de los paramilitares.
Considerar alguno de
esos dos puntos sería un suicidio peor que el del piloto del avión de
Germanwings, porque llevaría a pique a millones de colombianos desconcertados.
Entre tanto... Palabras
del papa Francisco que son ejemplo para el presidente Santos: “El futuro de la
unidad de la Iglesia es caminar unidos en las diferencias”. Lo mismo que el del
país.
