A
través de una misiva, Iván Márquez declinó presentarse como congresista en
solidaridad con el caso de Jesús Santrich, entre otras circunstancias.
"Siento
que la paz de Colombia está atrapada en la redes de la traición, y no tanto
porque no se haya materializado lo acordado -que requiere unos tiempos para su
concreción-, sino por las modificaciones introducidas que desfiguraron el
acuerdo. El Acuerdo que hoy nos muestran no es el que firmamos en La Habana.
Los artífices locos de ese Frankenstein son el Fiscal General, algunos
parlamentarios asustados con la paz y la verdad, la Corte que como veleta
cambia sus decisiones según los vientos
políticos, y el propio Gobierno. ¡Pacta Sunt Servanda! Los acuerdos son para
cumplirlos", señaló Iván Márquez.
El
20 de abril pasado, Iván Márquez informó que se trasladaría
"temporalmente" a una zona rural del sur del país para ponerse al
frente de la reintegración de los excombatientes. La decisión de Márquez se
conoce después de que el Tribunal Supremo de Justicia negase el hábeas corpus
presentado por la defensa de Jesús Santrich, su copartidario, quien está
detenido por el presunto delito de narcotráfico.
"En
atención a la situación y mientras se tienen mayores claridades y certezas
sobre lo que sigue, he tomado la decisión de instalarme temporalmente en el
espacio territorial de Miravalle", señaló Márquez en ese entonces a través
de una carta dirigida a la Unidad Policial para la Edificación de la Paz
(Unipep) y a la Unidad Nacional de Protección (UNP).
En
la primera misiva, donde anunciaba su traslado, informó que desde allí seguirá
"cubriendo" sus "compromisos con la CSIVI (Comisión de
Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación) y acompañando el
proceso de reincorporación". Añadió que su decisión no "implica el
desistimiento a las medidas de protección proporcionadas, sino una adecuación a
las nuevas circunstancias, para lo cual" estará "atento a sus
recomendaciones".
Santrich,
seudónimo de Seuxis Hernández Solarte, fue capturado el lunes 9 de abril en
Bogotá por orden de la Fiscalía General de la Nación en cumplimiento de una
circular roja de la Interpol, que solicitaba su detención con miras a la
extradición a Estados Unidos por delitos de narcotráfico cometidos tras la
firma del acuerdo de paz en noviembre de 2016.
En
esa operación también fueron capturados Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez;
Armando Gómez, alias El Doctor y Fabio Simón Younes Arboleda.
Tres
circunstancias se interpusieron insalvables en mi posesión como senador de la
República este 20 de julio en desarrollo del Acuerdo de Paz.
La
primera de ellas, es el montaje judicial o entrampamiento urdido por el Fiscal
General y la DEA que hoy tiene injustamente tras las rejas a Jesús Santrich y
entre la vida y la muerte al proceso de paz. El Fiscal hundió el puñal de sus
resentimientos en el corazón de la confianza y en el propio corazón de la
inmensa mayoría de los guerrilleros.
La
segunda, es la impresionante desfiguración de la JEP que hoy hace irreconocible
esa Jurisdicción comparada con el texto original firmado por las partes en La
Habana. No hay antecedentes próximos en el planeta tierra en el que un acuerdo
de paz, luego de firmado y celebrado por los plenipotenciarios de las partes,
haya sido modificado al antojo de personas interesadas, ajenas a esa
construcción.
La
tercera circunstancia es que no se ve por ninguna parte la determinación de
cumplir con asuntos esenciales del acuerdo como la Reforma Política, sin la
cual no habrían condiciones para el tránsito de la rebelión armada a la
política legal. Es inconcebible que 5 años después de aprobado el primer
acuerdo parcial sobre tierras, estas no se hayan formalizado o titulado a favor
de los campesinos que actualmente las poseen. Sin menospreciar el rol de la
incompetencia de ciertos funcionarios del Estado, el ciudadano de a pie percibe
también que tiemblan de pavor frente a los latifundistas y despojadores de
tierras.
Aun
respira en la gran mayoría la esperanza de salvar este proceso de paz que nos
puso a todos a soñar la Colombia del futuro. Es necesario volver al texto
original del Acuerdo firmado en La Habana y que fuera depositado ante el
Consejo de la Federación Suiza como un Acuerdo Especial del artículo 3 de los
Convenios de Ginebra, y posteriormente ante NNUU como una declaración
unilateral de Estado. El Acuerdo de Paz es hoy Documento Oficial del Consejo de
Seguridad, lo cual genera para Colombia una obligación internacional de cumplimiento.
Siento
que la paz de Colombia está atrapada en la redes de la traición, y no tanto
porque no se haya materializado lo acordado -que requiere unos tiempos para su
concreción-, sino por las modificaciones introducidas que desfiguraron el acuerdo.
El Acuerdo que hoy nos muestran no es el que firmamos en La Habana. Los
artífices locos de ese Frankenstein son el Fiscal General, algunos
parlamentarios asustados con la paz y la verdad, la Corte que como veleta
cambia sus decisiones según los vientos
políticos, y el propio Gobierno. ¡Pacta Sunt Servanda! Los acuerdos son para
cumplirlos.
Quiero
agradecer al profesor Jairo Estrada la antorcha de sus reflexiones que siempre
alumbran el camino de la política y donde me invita a asumir como senador de la
República este 20 de julio. En el mismo sentido, de gran impacto fue también
para mí la carta de Gustavo Petro llena de humanidad, de fe en el rol de
nuestra juventud en la construcción de la Colombia del futuro. Gracias, muchas
gracias a los dos. Seguiré trabajando día y noche sin cesar por la
consolidación de la paz de Colombia, por el cumplimiento de lo acordado, por la
reincorporación social y económica de los guerrilleros en los ETCR, sin
inseguridad jurídica para nadie, así sea evadiendo insólitos operativos
militares lanzados por el comando del ejército contra mí y contra Oscar Paisa,
decisión que le importa un comino o no tiene en cuenta que hay de por medio un
acuerdo para la terminación del conflicto.
Pido
a las organizaciones sociales y políticas del país mantener en alto el
estandarte de la paz, sin desfallecer. La paz es el más elevado de todos los
derechos y sin él no seremos nada como nación. Seamos sus misioneros. No
permitamos que las obstrucciones señaladas echen a perder el más extraordinario
logro de Colombia en las últimas décadas.
Que
el caso Santrich y la perfidia o traición del Estado al acuerdo de Paz no se
nos conviertan en el detonante del retorno a la confrontación. No podemos
permitir que se nos queme el pan en la puerta del horno. Nos más trampas
concebidas para sabotear la paz.
