Stefany Castaño Muñoz Una
incapacidad remunerada durante el periodo menstrual abre el debate sobre las
consecuencias que esa medida tendría en el mercado laboral. Japón y Corea del
Sur la han implementado, mientras que Italia se encuentra en el debate. La
discusión se extiende por el mundo, y, en Colombia, opinan académicos y actores
del sector privado.
El debate que se
adelanta en el Parlamento italiano sobre la aprobación de una licencia pagada
que tendrían las mujeres de ese país por dolores menstruales suscitó la
discusión en otros territorios de Europa, como Reino Unido, Suecia y Finlandia,
para implementar la ley en pro de la mujer. El beneficio laboral constaría de
tres días al mes remunerados, para aquellas trabajadoras que padezcan fuertes
dolencias premenstruales. El proyecto, llamado “Establecimiento de la licencia
para las mujeres que sufren de dismenorrea”, fue presentado por cuatro legisladoras
del Partido Democrático de Italia, y la norma aplicaría para aquellas mujeres
que comprueben cada año, a través de un certificado médico, padecer de fuertes
cólicos, entre otras molestias.
Ese dolor intenso se
conoce como dismenorrea, que “es un desorden ginecológico común en mujeres en
edad reproductiva. Una condición debilitante que afecta a millones de mujeres
en todo el mundo”, según lo explica la Revista Colombiana de Obstetricia y
Ginecología, de la Federación Colombiana de Asociaciones de Obstetricia y
Ginecología. De acuerdo con el informe, el dolor menstrual se da casi en la
mitad de las mujeres en el mundo, lo que puede afectar en un 15 % el
rendimiento laboral.
La propuesta, que la
Cámara baja del Parlamento italiano debate en este momento, ya generó bandos
frente a la medida, y, aunque se trata de un proyecto que pretende beneficiar a
las mujeres en un país donde entre el 60 y 90 % sufren dismenorrea, varios sindicatos
y defensores de los derechos empresariales salieron en contra del proyecto,
argumentando que esto podría engordar la brecha laboral entre mujeres y
hombres.
Si bien Italia podría
convertirse en el primer país occidental en incorporar la “licencia menstrual”,
el debate podría trasladarse a Latinoamérica e incluso a Colombia, pero, ¿qué
tan viable es este tipo de leyes en el país?, ¿qué tan bien sería acogido por
el sector privado?
Para Iván Jaramillo,
investigador del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, no podría
ser tan cercano, pues hay muchos inconvenientes entre incapacidades, gastos de
EPS y otros trámites que entorpecerían la implementación del proyecto en el
país. Para el experto, esta licencia podría acogerse primero de manera
voluntaria, para así no afectar el porcentaje de empleabilidad femenina en
Colombia.
“Por lo menos hay que
estudiar esta afectación, ya que el punto importante podría derivar de cuáles
son los dolores que pueden inhabilitar la utilización de ese permiso. En
Colombia podrían implementarse internamente en las empresas, antes de una
regulación legal”, explicó Iván Jaramillo.
Hoy por hoy el
desempleo femenino corresponde al 10,7 %, en contraste con el 6,3 % masculino,
y, según cifras del Observatorio, “las mujeres ven reducida ostensiblemente su
participación en el sistema de relaciones laborales, que determinan que tener
personas a cargo reduce la oferta laboral femenina en 17,5 % y la masculina
sólo en 2,5 %”, indica un informe de la organización.
Uno de los mayores
defensores de los empresarios, Guillermo Botero, presidente de la Federación
Nacional de Comercio (Fenalco), comentó a El Espectador que esto no puede ser
tratado como una enfermedad, debido a que corresponde a un ciclo básico natural
de la mujer. De igual forma, feministas en Italia se han opuesto a la propuesta
que en cierta medida las beneficiaría, pues reclaman que esto sería segregar
más la menstruación, haciendo de esta manera que algunas mujeres puedan
progresar en el mundo laboral.
No obstante, en Japón y
Corea del Sur esta ley se encuentra vigente y, desde 1947, las mujeres tienen
derecho al descanso por cólicos fuertes. En Corea del Sur pueden tomarse un día
de reposo cada mes desde 2001, mientras que en Indonesia el consentimiento es de
hasta dos días al mes. Desde 2014, Taiwán también concede a sus trabajadoras un
día mensualmente cuando éstas se encuentran con el período.
De acuerdo con el
informe del Foro Económico Mundial, que se publica anualmente, sobre la brecha
de género en el mundo en 2006, hasta su última edición en 2015, se observa que
entre las naciones desarrolladas que forman parte del G7, Japón se situó en la
mitad del ranquin. Además, el país se ubicó en el puesto 79, con 0,645 puntos,
en el más reciente informe, mejorando su puntuación hasta alcanzar los 0,670
puntos, en materia de empleabilidad femenina, lo que corrobora que esta tasa no
se vio afectada en mayor medida por conceder “licencias menstruales”.
De otro lado, y aunque
aún no se abre oficialmente el debate en el país, es claro que dicho proyecto
se ganaría varios opositores, como pasó en la reglamentación de la ampliación
de la licencia de maternidad, ley sobre la cual varios gremios combatieron,
apelando a que esto sería un obstáculo para el desarrollo laboral de las
mujeres. No obstante, la cifras que reveló el Departamento Administrativo
Nacional de Estadística (DANE) contradicen las aseveraciones de los
empresarios, pues la tasa de desempleo de las mujeres jóvenes se redujo 1,5 %
entre noviembre de 2016 y enero de 2017.
Haciendo cuentas
gruesas, una mujer que se gana el salario mínimo ($737.717) en Colombia, y
gozara de esta licencia, le costaría a la empresa alrededor de $73.771
mensuales, cifra que asumirían las EPS, como ocurre en el caso de las licencias
de maternidad. Sin embargo, y aunque las compañías no asuman directamente el
costo de la licencia, dichas molestias femeninas no pueden atribuirse a algo
recurrente en el ciclo menstrual femenino. Para Juan Pablo Lozano, médico
especializado de Profamilia, la dismenorrea es considerada una patología que
ocurre en el período menstrual, por lo que no es regular que les pase a todas
las mujeres y, por lo tanto, se debe tratar como tal, una anomalía.
Si bien dicho proyecto
que se adelanta en el país europeo busca mejorar el desempeño laboral de las
mujeres, teniendo en cuenta molestias menstruales, esos dolores no pueden
generalizarse como una “incapacidad” o un impedimento para desarrollar a
cabalidad las tareas diarias, sino por el contrario, de padecerse dismenorrea u
otra patología que afecte el proceso menstrual, se trate como un caso especial,
como pasaría con una migraña, virus u otras enfermedades, y así no segregar a
las mujeres por una causa que está dentro de la cotidianidad femenina.